PATADAS CONTRA TODOS

Las imágenes de la agresión a una joven en el Metro de Barcelona han llenado todos los medios de comunicación. Repetidas una y otra vez, hasta la saciedad, la virulencia con la que un joven golpea, manosea y lanza una certera patada en la cara a una chica nos han sacudido a todos. No podíamos dar fe; nos sentimos indignados y nos preguntamos cómo es posible que pueda haber semejantes alimañas entre nosotros.
Luego supimos que la chica tenía 17 años y que era ecuatoriana. Conocimos también la identidad del agresor, Sergi Xavier, de 21 años. No dábamos crédito a lo que veíamos porque luego al fulano salió en la tele, chuleándose ante la prensa y levantando el puño amenazante a un cámara de televisión. Seguimos al tipo en su ambiente y en sus bares, tomándose unas birritas con sus colegas, tal vez narrando la gesta de la agresión. “Iba borracho y punto, no me acuerdo de nada” decía el tipo con aire de cabreo y de mala leche ensayada.
Y de pronto, Sergi, que se vio rodeado y perseguido por un colectivo de periodistas, acostumbrado como está, a ver en la tele a los capullos, huelebraguetas e indecentes que llenan los programas del corazón, pidió hasta 2.000 € por una exclusiva. Y se sintió el rey del mambo, al amo de los medios, el centro de los objetivos.
Mientras, la embajada de Ecuador y mucha gente, incluidos miembros del gobierno, pedían la cárcel para el macarra violento. Pero, para sorpresa de todos, después de unas declaraciones ante los jueces seguidos mediáticamente por una multitud, el chulo de marras salió a la calle con la condición de pasar dos veces diarias por comisaría.
Lógicamente todos nos sentimos indignados y decepcionados; una ocasión de oro para llevarlo al talego y el tipo anda por la calle después de pegar a una mujer extrajera menor de edad con una saña terrible. Fue como si la patada nos llegara a todos.
Es difícil ser ecuánime en esta ocasión, pero permítanme que les recuerde –y me recuerde- que Sergi es un enfermo mental, que su situación familiar ha sido espeluznante, que sus padres le abandonaron y que ha vivido con una abuela que no ha podido con él, que los servicios sociales y la Administración no han sido eficaces en su trabajo y han dejado que un menor que necesitaba ayuda siquiátrica viviera a sus anchas privado de afecto y contención, que la droga se consiente vilmente en muchos ambientes y que Sergi es consumidor… y uno se pregunta cómo es posible que entre unos y otros hayamos dejado que un menor indefenso se nos convierta en un canalla. ¿Cómo es posible que un chaval de la calle campe a sus anchas en la más estricta soledad y que nadie pueda hacer nada para evitar que se convierta en un violento?
Por si fuera poco, hubo una cadena de televisión que le dio 1.000 € al racista para que saliera en la tele. Pagar a un chaval así para que cuente sus bravuconadas es ciertamente canallesco.
Siento horror por cualquier agresión, me espeluzna el racismo y el machismo que pulula en muchos ambientes, no entiendo la medida judicial que le han dado al agresor, aún entiendo menos cómo un joven congoleño está desde hace meses tetrapléjico por una agresión racista y que sus agresores no estén en la cárcel…no puedo entenderlo. Pero sí creo que la chica ecuatoriana y su agresor son ambos víctimas de una sociedad que rinde culto al dinero y que no afronta la responsabilidad de acompañar a los menores en situación de riesgo con valentía y con eficacia.
A este paso, no me extrañaría que nuestro Sergi acabara presentando un reality show.

Josan Montull.