SEGUNDO A
Tienen 13 años y la sonrisa en el rostro. Son revoltosos y cariñosos, tiernos y
trastos. Hacen segundo de la ESO. Son el futuro -dicen- pero la verdad es que
no les importa mucho. Día a día tienen que madrugar, e ir a clase. Tienen que
vérselas con el inglés, las matemáticas, la religión, la lengua y mil cosa más.
No todas son de su agrado, pero ahí están. No se llevan todos los libros a casa,
dicen que si lo hicieran no podrían con el peso que les tocaría llevar. No les
falta razón. La cultura pesa lo suyo. Son de la generación que tiene los libros
de texto gratis y la Administración no se los deja subrayar para que así puedan
ser usados por otros. Difícil modo de estudiar éste de mantener los libros
impolutos y virginales. ¿Dónde han quedado los tiempos en que había que herir a
los libros con el bolígrafo que subrayaba, remarcaba y ponía flechas para hacer
esquemas?
Llegan a veces con el móvil y el MP3 ó 4 ó vaya usted a saber. Esperan con
frecuencia que toque el timbre para asomarse al pasillo a ver a algún amiguete
al que llevan la friolera de una hora sin saludarse. Son la generación del
chat, del metroflog, del móvil de última generación, de los mensajes escritos
en una clave difícil. Son los chavales de las marcas, de la red mediática, de
las fotos que se cuelgan en el ordenador, del me kaes dpm wpxmo. Se saben los
programas de la tele y siguen con pasión la vida de algún fulano que gana una
pasta gansa con sus canciones y sus bailes.
Ya no hace gimnasia sino Educación Física, no hacen Historia, sino Geis. No
Trabajos Manuales sino Tecnología. Tienen Conocimiento del Medio y le rinden
culto a la informática.
Me decían el otro día que se había puesto de moda el que las chicas llevaran un
conejo como mascota. Le ponen un lazo al animal y lo cogen en brazos con mucho
mimo. Le besuquean y le arrullan al bicho al que ese tierno amor adolescente
les indulta de acabar en el horno.
Son los reyes de la gomina y el espejo, de la sonrisa y el aparato de los
dientes. Se enamoran y desenamoran con una rapidez encomiable.
Cuando llegas a clase te sonríen, te saludan, te dicen cosas cariñosas y, como
una letanía perenne, te preguntan si hoy toca vídeo. Luego les calmas, se
serenan y atienden, toman nota y hasta preguntan. Hay quien da cabezadas si la
clase es por la tarde y no falta quien encuentra mucho más interesante escribir
notitas clandestinas a los compañeros que atender a las explicaciones sobre el
budismo o cosas así. Pero tienen un momento mágico, casi de hipnosis se diría.
Cuando dicen Cuéntanos una historia y les explico retazos de vida vividos con
chavales difíciles a los que la vida les jugaba malas pasadas…entonces se
quedan boquiabiertos y notas que les brillan los ojos. Las experiencias pasadas
siguen siendo las mejores maestras.
El otro día sorprendí a unas chicas de la clase removiendo los escombros de una
obra como buscando tesoros en ellos. Al día siguiente les pregunté qué hacían con
aquel botín que le arrebataban a los contenedores. No podían contener la risa y
me dijeron que era para el suelo del chamizo, que les había quedado muy bien,
que tenía que ir a verlo y hasta bendecirlo.
Son buena gente, claro que sí, como los del B, los del C o los de la Z. Son
chavales que tienen ante sí el reto maravilloso de hacer una sociedad más
humana y libre. Tienen distintas historias y distintas procedencias, distintos
países y distintas religiones. Y conviven.
Estoy a gusto entre ellos, les aprecio de verdad. Creo que han tenido una
suerte inmensa de haber nacido en una época en la que las escuelas se esfuerzan
en educar desde el cariño para la libertad y la convivencia. Me pidieron que
escribiera sobre ellos y les di mi palabra de honor que lo haría. Y es que
todos, hace más o menos años, estuvimos en Segundo A.
JOSAN MONTULL